Cuando Alejandro conoció a Sofía, ella ya llevaba un bolso que había hecho ella misma.
Tenía flores bordadas con hilo de seda en la solapa, un aro de latón cosido a mano en la correa, y un acabado que ninguna tienda del centro podía igualar. Alejandro le preguntó dónde lo había comprado. Ella le dijo que lo había hecho en su mesa de la cocina, con las manos, una noche de invierno.
Tres años después se casaron. Y decidieron que eso — ese cuidado, esa personalidad, ese tiempo invertido en cada detalle — merecía una tienda.
Así nació el Taller de Talavera. Hace 23 años. Los dos solos, con una mesa de trabajo, agujas, hilo encerado y una idea muy clara: hacer bolsos que nunca se parecieran a los de nadie.